Crónica de una canina caminata matinal
Por Reinaldo Millán
Especial para La Perla del Sur
Despierto todas las mañanas como siempre a dar mi caminata matinal.
No me atrevo salir a la avenida, así que me quedo dentro de la urbanización y en el trayecto voy conversando con los amigos que encuentro en la calle.
Hablamos de todo un poco, pero sobre todo y como casi todo el mundo, nuestros temas favoritos son los de política, religión y deportes.
No es para menos. No hay una nación en el orbe que no esté llena de comentaristas políticos, dirigentes religiosos y expertos en deportes.
Todo el mundo habla de política aunque no lean el periódico y todo el mundo conoce sus derechos aunque no hayan leído la Constitución.
Todo el mundo sabe todo lo que piensa el Creador aunque no hayan visto nunca un libro sagrado. Y todo el mundo es experto en los deportes, especialmente los más populares aunque no haya jugado ni bolita y hoyo.
Esa es la vida. Yo también soy un genio de la política, la religión y el deporte, aunque confieso que nunca he leído lo que dicen que hay que leer, porque nunca he podido llegar a ese nivel de conocimiento, ya que en mi casa no compran el periódico y mucho menos tienen libros.

“No sé, pero hay gente que cree que las mascotas hay que usarlas cuando son jóvenes, pero cuando se ponen viejas las tiran a la autopista”.
Pero eso no es un obstáculo para que participe en la conversación, especialmente si se trata de hablar de los vecinos.
Y a mí que no me gusta el chisme, pues, no tengo de qué quejarme. Así que todas las mañanas conversamos de todo un poco.
No hago más que salir a la acera y me encuentro con una vieja amiga que no veía por el vecindario, pero que no quise preguntarle, para no importunarla.
Así que para romper el hielo inicié la conversación como el que no quiere la cosa.
- ¡Hola amiga! ¿Como estás?
- Muy bien. Hace tiempo que no venía por acá. Te ves muy bien, estás caminando mucho y parece que te están tratando bien.
- Es que la vida tiene sus momentos buenos y otros no tan buenos, pero siempre hay que tomar las cosas como vienen. ¿No crees?
- Oye, viste como el residente de la calle Cinco mantiene a sus mascotas limpiecitas y no deja que las mismas molesten el vecindario.
- Sí, pero fíjate que ese residente hace varios años era la nota discordante en la urbanización, cuando ni siquiera bañaba sus mascotas. Además, permitía que su perro entrara a las casas de los vecinos a dañar los patios y por si fuera poco ensuciaba el área de juegos del centro comunal.
- Pero que mucho ha cambiado, ¿no crees? Ahora no permite que ni siquiera nosotros nos acerquemos a su perro. Pero como siempre digo, él se lo pierde y los demás también.
- ¿A qué se deberá el cambio?
- Pues fíjate que todo empezó el día que junto a su esposa y los dos niños, se montaron en la SUV para dar un paseo por el pueblo. Cuando regresaron los nenes estaban llorando y la mascota no se bajó de la guagua. Parece que la abandonaron en algún lugar.
Luego supimos que habían dejado la mascota en la autopista y cuando chillaron gomas para escapar de ella, cruzó la calle y un coche la mató. Por eso era que los nenes estaban llorando. Eso fue hace dos años y ahora tienen ese perro que lo tratan como un rey.
- No sé, pero hay gente que cree que las mascotas hay que usarlas cuando son jóvenes, pero cuando se ponen viejas las tiran a la autopista. Por eso las calles están llenas de mascotas muertas, creando un problema de salud pública y con niños traumatizados al ver sus mascotas desaparecer, si es que no pasa como con esta familia que los abandonan en las mismas narices de sus niños.
- Es lamentable lo que sucede. Después son los mismos que repiten las frases publicitarias de un mejor país y una mejor calidad de vida.
Dimos varias vueltas más a la urbanización hasta que decidimos cada cual regresar a su casa.
A cada una, nuestros amos nos dieron nuestra comida, nos bañaron y nos pusieron collares nuevos para protegernos de las pulgas.
¡Eso sí es vida!
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