Cuando la vagancia nos domina:
el progreso se detiene
Por Gil Rosario Ramos
Para La Perla del Sur
Diariamente se desperdician miles de galones de agua, electricidad en televisores encendidos que nadie ve, luces encendidas en habitaciones vacías o acondicionadores de aire que refrescan paredes.
Esta situación representa millones de dólares anuales empleados en hacer nada. Pero, más terrible es conocer la existencia de miles y miles de cerebros desperdiciados y deteriorados.
Los estudios reflejan que la mayoría de los humanos utilizamos menos del 10 por ciento del potencial creado del cerebro. ¿Qué hacemos con al otro 90 por ciento? ¡Lo desperdiciamos!
El cerebro es una mina que contiene, entre otras riquezas, un gran almacén, una gran tienda de experiencias o recursos, dentro de una computadora interior que es la mente.
En ese mismo cerebro vive la imaginación que se ocupa de esos recuerdos; los combina hasta formar ideas. Imaginación y creatividad que hicieron posible realizar la primera obra artística, construir la primera vivienda, inventar la rueda, el alfabeto y llegar a la luna.
Ese "personaje" inquieto, que es la imaginación, hizo posible el crear el primer automóvil, el primer avión, la invención del telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión. ¿Verdad que la imaginación es maravillosa?
Su importancia es tan extraordinaria, que si no existiera, la humanidad aún estaría a la merced del frío, del calor, de los animales y de la adversidad. La imaginación y la creatividad fueron responsables de la inmortal novela Don Quijote de la Mancha, obra del “Manco de Lepanto” (Don Miguel de Cervantes Saavedra).
Igual responsabilidad directa tuvo la creatividad cuando el primer hombre aprovechó la resistencia del aire para inventar el primer paracaídas.
¡Qué genial! ¡Qué creativos fueron aquellos pioneros, capaces de utilizar el aire en movimiento, capturándolo con molinos de viento, velas de navíos y transformándolo en energía!
En nuestro trabajo, en nuestra comunidad y en el hogar hay problemas o situaciones clamando diariamente por una solución. Muchas veces esa solución no llega porque nos empeñamos en usar, solamente, una pequeña parte de la capacidad de nuestro cerebro. Cuando la vagancia nos domina, el progreso se detiene.
Pero Dios es maravilloso: nos ofrece, día a día, la oportunidad de hacer de este mundo uno mejor y ser parte de su obra creadora.
(El autor es Presidente de COMDEX. Para seminarios y conferencias a padres y maestros por Titulo I llamar al 260-8627) |