¡Más vale que esta semana
honren a sus madres maestras!
Por Mildred Borgos Rivera
Especial para La Perla del Sur
¿No les sucedió alguna vez cuando eran niños?
Pues claro que sí: si sus madres se enteraban que fueron merecedores de un buen halón de orejas por parte de sus maestras, ellas les volvían a retorcer los “cuajitos” porque -“a las maestras hay que respetarlas como si fuera yo misma”-.
Y es que, más que respeto, había que tenerles veneración, porque en muchas ocasiones, además de repartirnos en partes iguales el pan de la enseñanza y los cocotazos, nuestras adoradas maestras tomaban el lugar de nuestras madres cuando nos tomaban la mano para que escribiéramos sin “coger pa’l cielo” o para que no nos “saliéramos de la línea” cuando coloreábamos.
También cuando desenrollaban casi media yarda de papel higiénico (ahora usan papel toalla) para limpiar nuestras caritas (y los moquitos) después de llorar como magdalenas, cuando nos curaron las pelás de rodillas y nos dieron un sobito en el chichón, cuando “se montaban en tribuna” y nos daban un regaño “de madre” si nos portábamos mal y cuando con gran paciencia intentaban sacarnos “a como diera lugar” la espinita que se nos había clavado en el dedo y que luego nos “curaban” con un beso.
Incluso, cuando casi como por arte de magia aparecían lápices, sacapuntas y hasta libretas nuevas si las nuestras se extraviaban.
¿Cuántos de ustedes no recibieron como “premio” una galletita, una paleta o una estrellita dorada que pegaban a la libreta si sacaban “A” en el dictado? ¿Cuántos de ustedes recibieron ese cálido abrazo cuando en el salón se sintieron enfermos?
Pues les tengo magníficas noticias: algunas de esas maestras aún está “dando bandazos” por ahí y no se olvidan del “comelibros”, de la “enamorá”, del “sajorí” y hasta de los que hablaban “más que una vieja sin tabaco”.
Tampoco se han olvidado del que, a veces, no llevaba la merienda (suerte que ellas siempre traían unos “sanwichitos” de más) y del que se enchismaba si no era el primero en la fila del comedor (¿he dicho nombre yyyooo?).
Las que ya recogieron sus bártulos y se fueron a las aulas del Señor también perduran y se les puede encontrar en otros rostros, en otras sonrisas, en otras manos que hoy esgrimen con esperanza sus tizas, mientras intentan que a “sus niños” les entre eso de las vocales y las consonantes.
Estas, en cambio, ya no les hablan a nuestros hijos de Pepín y Mota, sino de cómo salvar nuestro planeta, de cómo vivir en armonía en la comunidad y de cómo llegar a ser mejores seres humanos.
Estas, como madres amorosas, guardan el anhelo de que nunca las olvidemos.
A todas ellas, en la Semana Educativa y en el Día de las Madres, les deseamos que sean bendecidas y reconocidas, como bien merecen.
A los maestros: lo siento chicos… tienen que esperar hasta el Día de los Padres.
Atención a Misis Gutiérrez, a Misis Echevarría y Misis Vergne…¿alguien que ustedes y yo conocemos (que es Jefe de Redacción) en verdad se portaba taaannn bien como dicen?
A Misis Santana y a Misis Pérez: un “te amo” de parte de Tairí.
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